El día después de la huelga


Muchos han sido ya los análisis realizados en estas primeras horas del día después de la huelga general y se define el éxito o el fracaso en función del uso de las cifras que cada parte maneja.

Se dice que las grandes empresas han parado, que la administración pública no ha secundado la protesta o que el consumo de energía no ha descendido tanto como podría pensarse. La incidencia en la vida de las ciudades ha sido nula y la manifestación final ha sido numerosa, aunque no tanto.

Los sindicatos podrían comenzar por rendir cuentas sobre lo que se han gastado en la preparación y la organización de todo este tinglado. Sería muy saludable para la democracia que publicaran datos sobre locales usados, campañas de publicidad en todos los medios, impresión de carteles, pegatinas, pancartas y demás. A todo esto habrá que añadir los botes de silicona usados para taponar cerraduras, los botes de pintura con los que han ensuciado edificios públicos y mobiliario urbano de todo tipo, autobuses para transportar a sus masas a reuniones, concentraciones o manifestaciones. Sería estupendo que nos dijeran lo que ha costado y cuánto de ese dinero lo ha puesto el Estado, es decir, todos nosotros. Estaría bien que añadieran lo que gastan en pagar salarios y para qué.

Los sindicatos deberían hacer una reflexión muy seria de todo lo vivido durante estos días para que realmente sirva de algo esta huelga. Nada de la política económica del gobierno va a cambiar porque el señor Zapatero ya se ha asegurado un año más de residencia en la Moncloa tras pagar al PNV un alquiler altísimo a costa de romper la igualdad.

No estaría nada mal que en lugar de recortar salarios a funcionarios, eliminar ayudas sociales o recortar en infraestructuras vitales para nuestro desarrollo se pensara en eliminar el dinero que partidos políticos y sindicatos despilfarran día a día en actos de propaganda y en burocracia interna.

Deberíamos replantearnos un sistema de defensa de nuestros derechos como trabajadores que no es capaz de hacer nada para impedir que suban nuestros impuestos, bajen nuestros sueldos y no hagan nada mientras el paro sube en una espiral sin fin.

La huelga ha sido un éxito para los sindicatos porque han conseguido que sus piquetes bloquearan el derecho al trabajo de muchos otros españoles que no querían hacerles el juego. Alguien debería decirles de una maldita vez que el trabajador que decide incorporarse a su puesto de trabajo el día que está convocada una huelga de cualquier tipo no necesita ser informado de nada porque ya ha tomado su decisión. Alguien debería decirles que eso es un delito porque atenta contra la libertad del que quiere trabajar. Tirar piedras, destrozar contenedores, pinchar ruedas o amenazar no es informar sino coaccionar. El derecho a la huelga no es más derecho que el de trabajar y el de elegir lo que uno quiere hacer. Los trabajadores que el día 29 hemos trabajado no somos esquiroles ni debemos cargar en nuestra conciencia con el peso de los desastres del gobierno, simplemente no estábamos de acuerdo con una huelga de diseño creada artificialmente con la única intención de que se justificaran de alguna forma por su ineficacia a la hora de enfrentarse de verdad a un gobierno que está descargando todo el peso de la crisis sobre los más desfavorecidos sin que hayan movido un dedo hasta ahora .

También deberían saber que esta huelga no es la manifestación de ninguna voluntad democrática popular ya que esa voluntad se expresa mediante elecciones en las que se concede o retira la confianza a nuestros representantes.

Todos hemos cumplido nuestro papel en una huelga perfectamente organizada. Las empresas que sabían que no se permitiría a sus trabajadores acceder a los polígonos ya habían previsto parar la producción. Los mercados se habían abastecido previamente para evitar el colapso que se produciría en los grandes centros de abastecimiento. Todos sabíamos que no llegaríamos al trabajo con el transporte público y hemos buscado alternativas.

Los comercios iban cerrando al paso de los amenazantes piquetes para abrir cinco minutos más tarde una vez se había contabilizado como cerrado, aunque sólo fuera un momento. Se colocaba una pegatina que poco después era retirada. Los cerrajeros hacían su agosto reparando lo que los piquetes habían bloqueado durante la noche.

La gente aprovechaba el día para hacer algunas compras, pasear tranquilamente o ir a la consulta del médico. Unos pocos habían quedado para recordar viejos tiempos de “manifa”, con bocata pagado y megáfono con el que gritar los manidos eslóganes de siempre aunque esta vez un poco más bajito para no molestar al gobierno que financia todo este chiringuito.

Todo ha vuelto a la normalidad y se han presentado los presupuestos que no reducirán el paro, seguirán recortando servicios sociales, pero permitirán mantenerse al gobierno unos meses más.

Yo estoy pensando en irme de crucero como algún sindicalista ya ha hecho aunque no voy a poder porque tengo la suerte de tener un trabajo. También he sido convocado a un proceso de primarias en UPyD en el que vamos a elegir a nuestros candidatos para las próximas elecciones autonómicas y municipales. Será un proceso democrático de verdad en el que todos los afiliados podemos participar presentándonos y votando, sin avales. Yo voy a participar porque creo que esa sí es una forma de protestar eficaz: formar parte de una alternativa que nos ilusione a todos y que nos permita cambiar el estado de cosas que nos han impuesto.

Acerca de @juanmacapa

Profesor de Latín y griego en el I.E.S. Rambla de Nogalte de Puerto Lumbreras
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3 respuestas a El día después de la huelga

  1. Hay que cambiar la vida política de este país y para eso nace upyd, sindicalistas, gobierno y demás agentes solo han actuado tarde y mal.

  2. juanito dijo:

    Zapatero no escucha a nadie, ni de dentro ni de fuera, ni de izquierdas ni de no izquierdas y sigue sin saber lo que cuesta un café.

  3. Juan Manuel dijo:

    No sabe lo que cuesta un café pero seguro que sí que sabe lo que le cuesta el alquiler que tiene que pagar al PNV para seguir viviendo unos meses más en la Moncloa. El problema es que lo paga con el dinero de todos y no con el suyo.

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